22 de Junio, 2017





Misión Gula de Miro Popic
La masa no está para bollos
24-04-17

La hallaca tiene un primo hermano tanto o más antiguo que ella donde la forma prevalece por sobre el contenido, hecho que no desmerece su condición de preparación sabrosa y original ni le resta legitimidad como marcador identitario de nuestra cultura alimentaria. Su origen se remonta a la transformación del maíz en alimento no solo nutritivo sino también simbólico y su posterior enriquecimiento con el aporte hispano de la proteína animal porcina y los complementos aromáticos y saborizantes que se fueron incorporando en su proceso de formación hasta llegar a ser referencia obligada en el inventario de la cocina criolla. Tiene nombre y apellido: bollo pelón.
Muchas veces se comparó o confundió el bollo con la hallaca, casi siempre en forma despectiva. Ángel Rosenblat, en Buenas y malas palabras del castellano en Venezuela, cita una publicación humorística de Mérida, del 14 de diciembre 1858, La abeja, donde se anuncia la llegada de los bollos navideños, a los que llama gratos hallacos, “puesto que los bollos rígidos, son tan sólo hallacas machos”. Más adelante aclara que se trata de un bollo de maíz con poca carne guisada o una pelota de maíz hueca y rellena, etc., que “hoy parece una hallaca venida a menos”.
Ramón David León, en Geografía gastronómica venezolana, dice que “como todas las cosas amables, son sencillos. Para hacerlos se requiere tan solo buena masa de maíz y un guiso preparado con carne de marrano molida, a las cual se le añaden los aliños clásicos en las debidas proporciones”. Los califica como cocina de la clase media, sin ser de postín pero tampoco proletaria. También aclara que son un plato corriente en todas las localidades del país, aunque, para él, los más sabrosos son los que preparan en San Felipe, Yaracuy.
La palabra bollo tiene muchas acepciones, algunas aparentemente contradictorias y hasta ofensivas, totalmente alejadas de lo culinario. Según Francisco Javier Pérez, se usa no sólo como denominador de distintos alimentos elaborados con masa de maíz o de trigo, sino que también registra en sus escritos significados relacionados con reprimenda o insulto, golpe, problema o lío, vulva, protuberancia o bulto, bola de barro, ovillo, excremento, botánica. De allí que sean comunes para nosotros palabras como bollamentazón, bollete, bollo loco, embollar, etc. Nada más en las formas compuestos relacionados con la alimentación con bollo encontramos treinta versiones diferentes, desde bollito de agua hasta no estar la masa para bollos.
Es más frecuente el plural bollos pelones”. ¿Por qué? Nadie lo dice pero de una interpretación deductiva podemos sacar que por bollo pelón, según el Diccionario erótico de Venezuela, de Miguel Salazar Léidez, se entiende “cuando el bollo (monte de Venus) no tiene pelo”, refiriéndose al órgano sexual femenino. Llevado a lo gastronómico, es poco educado decir, por ejemplo, “me gusta el bollo pelón de la señora María”. Es más discreto y elegante decir que a uno le encantan “los bollos pelones que hace la señora María”. Por eso, la próxima vez que los ordenen en el restaurante, háganlo siempre en plural.



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